
Me he pasado la vida entera conflictuada acerca de mi sexualidad. Y resulta que de pronto no tengo más vueltas que darle y me reconozco heterosexual. Para mí esto es curioso.
Desde que soy niña me gusta mirar a las chicas. Las miro y admiro. El espectro masculino en cambio nunca me ha llamado demasiado la atención.
Pero al final, con 26 años me he dado cuenta de que no quiero una polola y no quiero acostarme con mujeres así que la ecuación más simple me dio el resultado más inesperado. Y si bien es cierto que amo a las mujeres, al final este amor está exento de erotismo.
Muchas veces, cuando no he estado a gusto con mi pareja, un pepe grillo me ha hecho cuestionarme la raíz y si resulta que nunca podré ser feliz porque mi idilio era femenino. Y después de mucho pensarlo me he dado cuenta de que no es así. Triste pero cierto. Triste porque me obliga a desprenderme de mis propios prejuicios acerca de mí.
Debo confesar que cuando niña anhelaba mirar la transformación de las sailor moon (mi favorita sailor mars) o que hasta el día de hoy no puedo despegar la vista de las mujeres bellas. Pero finalmente no hay hormonas involucradas -y hubiera sido todo más sencillo si lo estuvieran-.
Aún pienso que podría enamorarme de cualquiera, mientras sea un ser humano. Pero resulta que no lo hice y al parecer ya no deseo hacerlo. La vida es lo que es y no su infinidad de variantes potenciales. Y actualmente me pregunto si simplemente me cuesta asumir el dejar todas las posibilidades atrás para aceptar quien soy y con quien estoy.
De pronto estoy obligada a mirarme a mí misma y darme cuenta de que quizás no soy como siempre creí ser.
Quizás mi asunto con las mujeres se trata del deseo inmenso de ser como ellas y aceptada por ellas (supongo que la psicología me referirá a un conflicto materno).
Quizás sólo me la he pasado curiosa y muy confundida respecto a quien soy, con ansias de verme reflejada en los seres equivalentes.


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